Puntuació: ★★★★★
Ni ahorrando en adornos
innecesarios, ni aplicando las dosis justas de cada ingrediente, ni
intentando crear formas nuevas, ni esquivando los productos más
delatadores, ni quitándole las velas. Un pastel es un pastel porque para
eso está concebida su base, sea de lo que sea. Más empalagosa o menos,
su naturaleza azucarada y copiosa coartará siempre su existencia, y por
mucho que aspire a ello nunca será apta para diabéticos. Premonición,
del francés Gilles Bourdos, da la sensación de ser un pastel
insatisfecho con su condición, de aspirar a algo más, a convertirse en
una Tarta Tatin con una notable dirección artística y actoral
como máximos argumentos. Se olvida, no obstante, que en su misma base
está su mayor limitación.





