
Puntuació: ★★★★★
Los tics navideños están a la
vuelta de la esquina y por eso todo empieza, desde hace unos días, a
oler a turrón. La parafernalia papanoelísticofindeañera,
reyesmaguna y pesebrística acarrea, como siempre, los benditos valores
confraternales que suscitan estas fechas, en las que también los mayores
tópicos tienen cabida. Cuentos de Navidad a mansalva inundan pantallas
de todos los tamaños, y entre ellos lo difícil no es encontrar uno que
se desmarque, si no uno que lo haga con éxito. Efectivamente, hablamos
de películas, algunas más ingeniosas que otras en su interpretación de
las fiestas de la sonrisa automatizada y la felicidad por antonomasia.
Las hay que consiguen reformular los relatos, léase Pesadilla antes de
Navidad, léase Rare Exports, las hay que lo intentan, El Grinch o Bad
Santa, y las hay que se limitan a reseguir la misma línea previamente
trazada una y otra vez. Arthur Christmas se pasea entre el primer y el
segundo grupo como Pedro por su casa; flirtea con lo original sin
desprenderse de su eslogan impolutamente navideño, en una conjugación
irregularmente formulada entre el cuento de Navidad al uso y su
pertinente modernización.